La unidad que consiguió Luis Nava… ¿resultó en su contra?. La Carreta
Por *Eréndira Karina Córdoba
Miércoles 07 de octubre del 2026
En política hay victorias que parecen derrotas y derrotas que terminan siendo victorias, también se dan las sorpresas y los sorprendidos; luego están esos momentos en los que alguien logra una hazaña poco común, la de unir a sus adversarios como efecto colateral; después aparecen talentos que pocos reconocen, Luis Nava acaba de demostrar uno, logró la unidad dentro del PAN. El detalle es que la consiguió en su contra.
Eso parece estar ocurriendo al interior del Partido blanquiazul queretano. Mientras algunos intentan presentar la disputa por la candidatura como un proceso ordenado, institucional y ejemplar, la realidad comienza a filtrarse entre las grietas del discurso. Porque cuando varios actores salen en cascada a pedir prudencia, respeto a los tiempos y apego al método, normalmente no están defendiendo la unidad. Están tratando de contener una fractura.
La reciente discusión alrededor de encuestas, posicionamientos anticipados y llamados a respetar los tiempos políticos dejó en evidencia algo más importante que cualquier estudio científico realizado por mi, exhibió que el principal problema de Luis Nava ya no es Morena, sino los equilibrios internos del propio panismo.
Ahora, la responsabilidad no recae únicamente en los aspirantes, la lógica es sencilla. Quien pareciera mejor posicionado buscaría consolidar la narrativa de triunfalismo. Es una técnica vieja en política, si logras que todos crean que eres el ganador, eventualmente algunos terminan actuando como si ya lo fueras.
Pero el efecto parece haber sido el contrario. La difusión de encuestas favorables y la propuesta de que una institución externa validara mediciones internas no generaron adhesiones automáticas. Lo que produjeron fue una reacción defensiva de distintos grupos políticos que, por intereses muy distintos entre sí, terminaron enviando el mismo mensaje, el que nadie va a aceptar que la candidatura se defina por presión mediática.
Paradójicamente, quienes normalmente compiten entre sí encontraron un terreno común. Felifer salió a hablar de respeto a los tiempos. Chepe hizo lo propio. El dirigente estatal Martín Arango recordó que no existen encuestas finales y oficiales del partido. Y desde distintos espacios comenzaron a multiplicarse los mensajes de institucionalidad, unidad y prudencia.
Traducido al lenguaje político, significa algo muy simple, nadie quiere que la sucesión se acelere, ya que cuando varios grupos distintos emiten simultáneamente el mismo discurso, rara vez se trata de coincidencia. Generalmente es una respuesta a un mismo llamado de “alguien”.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Qué tan fuerte debe haber sido la percepción de adelantamiento para provocar semejante alineación de fuerzas?
Porque si algo caracteriza al PAN queretano es precisamente la existencia de corrientes, liderazgos y proyectos propios. No suelen pensar igual. No suelen actuar al mismo tiempo. No suelen enviar mensajes idénticos. Y, sin embargo, durante los últimos días ocurrió. Luis Nava consiguió algo difícil, generar consensos. El problema es que esos consensos no necesariamente se construyeron a su favor.
Mientras tanto, el gran elector sigue siendo el gobernador Mauricio Kuri. En los hechos, ninguna encuesta publicada, filtrada o comentada modifica una realidad elemental, la sucesión panista sigue dependiendo mucho más de los acuerdos internos que de las mediciones públicas y eso, los operadores políticos lo saben.
El verdadero problema pareciera que comenzó cuando el gobernador decidió delegar en Rogelio Vega la conducción de un proceso que cada día parece menos una operación política y más una estrategia de control de daños. La tarea era sencilla, el plan era construir consensos, ordenar las aspiraciones y evitar que los egos se comieran al partido, pero, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario.
Durante meses vendieron la narrativa de un PAN unido, disciplinado y alineado. Bastó una encuesta, una filtración y un par de declaraciones para descubrir que debajo de la alfombra había mucho más polvo del que admitían.
La proyección de Luis Nava no solamente exhibe la simulación, también tiene consecuencias. Porque cada vez que Nava cuestiona el proceso, quien paga el costo político inmediato es Felifer. Cada duda sobre el método se convierte en una sombra sobre la candidatura que desde distintos sectores dan por adelantada. Cada inconformidad alimenta la percepción de que la decisión estaba tomada antes de que iniciara la competencia.
Y cuando los militantes empiezan a creer que el árbitro ya eligió ganador, dejan de pelear por el resultado y comienzan a cuestionar el juego. La mayor ironía es que el gran ganador podría no estar dentro del PAN con personajes políticos que se desgarran las vestiduras en halagos para ellos mismos, reflexionemos un momento… ¿el gran ganador podría llevar otro color?.
Con este ambiente político, queda al descubierto que detrás del discurso de unidad también hay simulación, grupos, vetos, cargadas y venganza. Es importante evaluar qué tanto este movimiento político fortalece a Morena, al PVEM, al PT y a MC; partidos que están deseosos por recibir en sus filas a grandes estrategas políticos, que viendo cómo se acumulan los tirones panistas, sin duda, buscarán sumar con otros colores.
Porque las fracturas no nacen de un día para otro, las fracturas se incuban, se acumulan, se administran mal y después, les explotan en las manos. Hoy el PAN todavía conserva el gobierno, la estructura y la ventaja electoral. Pero está aprendiendo una lección básica de la política, los partidos rara vez son derrotados por la oposición cuando están fuertes. Primero se derrotan a sí mismos.
Y en Querétaro, mientras todos discuten quién será el candidato, la pregunta importante es otra: ¿Quién se hará responsable cuando la factura de la división llegue a cobrarse?
Por eso la verdadera batalla no está ocurriendo en Facebook, ni en las columnas, ni en los grupos de WhatsApp. Está ocurriendo en las conversaciones privadas, en las reuniones sin fotografías, en los acuerdos que nadie admite, en las llamadas que “nunca existieron” y ahí, es donde realmente se decide el siguiente paso.
¿Cuándo un aspirante aparece demasiado pronto como favorito, los demás dejan de competir entre sí y comienzan a competir contra él?. Eso parece estar pasando. A unos meses de que la sucesión entre realmente en fase de definición, el PAN no ha elegido candidato, pero ya dejó ver uno de los riesgos de la carrera, quien intente adelantarse podría terminar fortaleciendo el instinto de supervivencia de todos los demás grupos.

Y en política hay algo más peligroso que tener adversarios, se llama privación hipoacústica, comúnmente se le conoce como otitis testicular, esa enfermedad que hace creer a los gobernantes que siempre van a ganar, que los ciudadanos siempre van a votar por ellos, porque no quieren a los otros y que los empresarios siempre van a esperar. Es el arte de no escuchar a nadie, de dejar mensajes en visto, de incumplir acuerdos y de confundir la soberbia con liderazgo.
¿El PAN de Querétaro parece haber caído en esa trampa?. Después de décadas de éxito electoral, algunos terminaron creyendo que ganar era una condición natural y no una confianza prestada por los ciudadanos.
La historia política está llena de bancadas que empezaron a creer que los votos les pertenecen, dejan de escuchar a los ciudadanos, ignoran a sus propios cuadros y dejan de lado la empatía y el acercamiento con todos los sectores.
Conviene recordarlo, la escucha, la sensibilidad, la administración y la proyección, deberían ser virtudes del gobierno. La arrogancia, suele ser el primer síntoma de una derrota que todavía no aparece en las encuestas, pero que ya comenzó a construirse en la calle, lo que se resume en no escuchar a tu equipo de trabajo y creer que se las saben todas, es importante saber que en la política, el oído y la humildad son grandes virtudes, no adornos de ocasión.
El problema del PAN no es Luis Nava, ni Felifer, ni Morena, ni las encuestas. La historia política tiene una regla implacable, los partidos no empiezan a perder cuando la gente deja de creer en ellos al verlos confrontarse entre si, al filtrar información sensible para atacarse. Empiezan a perder cuando ellos dejan de escuchar a la gente y pelear entre ellos. Ahí comienza toda derrota.
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